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3 pasos para encontrar tus objetivos y diseñar el camino a seguir

Existen personas que logran el éxito a base de obsesionarse con una meta, mientras que otras lo hacen poniendo el foco en su trabajo diario, en el presente. No obstante, todos los individuos que alcanzan una gran cima en su vida presentan un aspecto común: tienen claro su objetivo y trazan el camino a seguir antes de llevarlo a cabo.

Las metas que nos proponemos surgen del propósito que perseguimos en la vida. Lo que los japoneses llaman Ikigai da un sentido y marca el punto hacia el que nos movemos en el día a día. Tener clara esta idea resulta esencial si quieres evitar sentirte perdido o actuar en piloto automático.

Hoy, me gustaría ofrecerte algunas herramientas para establecer tus objetivos y trazar el camino a seguir para lograr alcanzarlo. ¿Vamos a ello?

Concreción de un objetivo

Como te decía, tener claro el objetivo te permitirá saber hacia dónde te diriges. Así, puedes planificar tus acciones con un fin concreto. Además, la meta final te proporciona una motivación necesaria para crecer lo suficiente a lo largo del proceso.

Encontrar un objetivo puede ser una tarea ardua o muy sencilla, dependiendo de cuán claras tengas tus ideas. Por ello, para concretar la cima a la que apuntas, te recomiendo un par de preguntas:

  • ¿Cómo me imagino en mi situación ideal?
  • ¿Qué debo lograr para estar en dicha situación?

Date tiempo para reflexionar y apunta las ideas que se te ocurran. Quizá las respuestas te lleven a un solo objetivo o a varios. Puedes hacer una lista.

Posteriormente, te recomiendo llevar a cabo el famoso filtro SMART. Es decir, tus objetivos deben ser específicos, medibles, alcanzables y realistas, además de contar con un límite de tiempo para lograrlos. Te hablo con más profundidad de este filtro en este artículo.

Alineación del objetivo con tus valores

Una vez establecido el objetivo, es necesario que pase por un segundo filtro: tus valores. Los valores que tiene una persona definen sus preferencias y su comportamiento. Derivan del modelo mental del individuo, por lo que no son modificables de manera directa. Asimismo, determinan el grado de compromiso con cualquier meta propuesta. Por todos estos motivos, el objetivo debe encajar con tus valores (no a la inversa).

Antes de analizar la relación entre ambos aspectos, es necesario que definas qué valores te mueven. Si nunca has reflexionado sobre ellos ni los has concretado, te recomiendo empezar por hacer una lista de los 5 que más sentido tienen para ti.

Algunos ejemplos de valores son la disciplina, el desarrollo personal o la serenidad. Sin embargo, también hay otros de carácter social como la familia o la amistad. De hecho, hasta el propio dinero puede ser valorado por una persona como elemento primordial. Tú tienes la última palabra. Eso sí, ten en cuenta que nadie tiene por qué leer esa lista. Es decir, SÉ SINCERO/A. Aquí, no tienes la responsabilidad de cumplir con expectativas externas.

Una vez elaborada esta lista, vuelve al objetivo establecido en el punto anterior. ¿Alguno de ellos se interpone o contradice dicha meta? Si la respuesta es sí, quizá debas realizar cambios en el objetivo. Eso sí, ahora ya conoces tus valores, por lo que será más sencillo adaptar tu camino a ellos. En caso de que ningún valor se oponga, puedes seguir adelante.

Diseño del camino: técnica del mago Merlín

Tras haber decidido el destino y haber comprobado que es alcanzable en función de tus valores, llega el siguiente paso: trazar el camino a seguir. Este punto puede resultar abrumador, especialmente porque al largo plazo se hace complicado visualizar las metas intermedias que es necesario alcanzar. Por este motivo, te voy a proponer una herramienta que te hará despejar la mente y visualizar la ruta con mayor claridad.

Te hablo de la técnica del mago Merlín. Esta te permitirá, automáticamente, hacer desaparecer los nubarrones que abarcan el pensamiento cuando miramos a un futuro muy lejano. La estrategia consta de 3 sencillos pasos:

  • Sitúate en el final del camino: imagina cómo te sientes, qué pasa por tu cabeza y qué estás haciendo en ese momento. Empatiza con ese yo del futuro, métete en su piel.
  • Date la vuelta: mira hacia el camino que has tenido que recorrer para llegar a ese punto. Empieza por lo más reciente, y ve hacia el pasado, apuntando esos hitos que te han llevado a la meta.
  • Vuelve al presente y ordena: sal de esa visión fantástica y vuelve al momento actual. Pon en orden y analiza la lista que acabas de elaborar. Esos serán tus objetivos intermedios y las acciones que deberás realizar si quieres lograr tu sueño.

¿Qué te parece? ¿Te suena simple o crees que podría sobrepasarte?

Es obvio que esta técnica no te permite adivinar cada detalle del camino. Pero… ¡Es que eso resulta imposible! Cuando hablamos del futuro, nada está escrito. A través de la visualización, puedes intuir ciertos hitos o puntos de control para tu camino, incluso acciones concretas, actitudes y una mentalidad a seguir para avanzar. No obstante, surgirán aspectos y obstáculos que no preveías. Por tanto, es genial tener un plan tangible y específico. Pero no te obsesiones con él. La adaptabilidad es una habilidad esencial para el éxito.

Llegados a este punto, sólo queda una última etapa: la ACCIÓN. A través de las conclusiones extraídas de toda esta reflexión (objetivos, valores personales y plan de acción), te toca ponerte manos a la obra y seguir el camino que tú mismo has trazado. Periódicamente, te recomiendo hacer revisiones y, en caso necesario, modificar cualquier detalle.

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Espero que este artículo te haya resultado útil. Te animo a contarme en los comentarios cómo te ha funcionado (una vez lo pongas en práctica).

Que tengas un buen final de Agosto. ¡Un saludo!

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