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actitudes tóxicas

4 actitudes tóxicas que puedes transformar en enriquecimiento y provecho

actitudes tóxicas

Ambición, envidia, individualismo y negatividad. ¿Qué piensas al leer estos rasgos? Probablemente te vengan a la cabeza personas que los tengan o incluso momentos en los que tú los has experimentado. Y estoy seguro de que lo que imagines no será nada bueno. Pero, ¿y si te dijera que estas actitudes tóxicas pueden convertirse en algo potencialmente enriquecedor?

Cuando te hablo de crecimiento personal, no me estoy refiriendo a un cambio radical. De hecho, cuando te desarrollas, estás simplemente transformando las características que te definen (positivas y negativas) en algo provechoso. Nadie cambia de la noche a la mañana. Tenemos una base y, a raíz de ella, construimos un camino.

Por todo esto, hoy quería hablarte de estas 4 actitudes, las cuáles están presentes en ti y en mí en distintos grados, y sobre cómo pueden ser desarrolladas para que te conduzcan a resultados satisfactorios de cara a la consecución de tus objetivos. ¡Vamos a ello!

Ambición e inconformismo

La ambición está concebida popularmente como una idea tóxica y que puede cegar a una persona hasta el punto de llevar a cabo acciones inmorales para lograr una meta. Como ejemplo claro, está la famosa idea de que «el fin justifica los medios».

Sin embargo, ser ambicioso no tiene por qué ser algo malo. De hecho para ti, que eres una persona con principios fuertes y sólidos, ser ambicioso te llevará al inconformismo. Pero, ¿cómo puede ser positivo algo que genera frustración?

Pues gracias a la autoexigencia. Si centras toda tu ambición y tu inconformismo en dar lo mejor que esté en tu mano ante cada situación, estarás en el buen camino. Porque así comprendes que lo que puedes controlar está en tu persona, y que no hay nada que dependa de ti en el exterior.

Te recomiendo que te pases por este artículo, en el que te hablo precisamente de la autoexigencia y la autocrítica.

Envidia

Relacionada con la ambición desmedida, se encuentra la envidia. De hecho, este rasgo se reduce a ambicionar lo que otra persona tiene (o es) y tú no.

No obstante, todo cambia si lo enfocas desde el punto de vista de la admiración. Cuando envidias, no haces otra cosa que desear lo de otra persona. Deseas estar en su lugar. Por lo tanto, en ese punto, no es más que una delgada línea la que te separa de convertir a dicho individuo en tu referente.

En el punto de vista profesional, estoy seguro de que desarrollas tu actividad en relación a lo que ciertas figuras de referencia te inspiran. Entonces, ¿por qué llamarlo envidia? ¿Por qué no usas este sentimiento para motivarte y ayudarte a crecer hacia ese camino que admiras?

Lo mismo ocurre con la dimensión personal. Desde que nacemos, contemplamos como personas a nuestro alrededor desarrollan su vida, toman decisiones y afrontan obstáculos de una manera concreta, y en base a ello nosotros mismos acabamos actuando. ¿Es esto envidia o admiración? ¿Podría alguien decir que envidia a su padre o a su madre, o más bien diríamos que son nuestros referentes?

Individualismo

Cambiamos completamente de ámbito. El siguiente apartado deja de lado al entorno y se centra en uno mismo. Ser individualista es otra de esas actitudes que comúnmente se conciben como negativas. Sin embargo, hay una perspectiva que debes tener en cuenta: los logros colectivos se alcanzan porque cada persona que compone un grupo lleva a cabo su rol de la mejor manera posible.

Los estoicos hablan de libre albedrío. Explican el éxito y el avance de la sociedad ateniéndose a que los individuos de esa sociedad son capaces de poner el foco en lo que dominan, en su propia misión. Por ello, es sencillo entender que trabajar por uno mismo, como individuo libre e independiente, ayuda a la persona a crecer y, por consiguiente, al grupo a prosperar.

Hoy, cuando te digan que haces demasiadas cosas solo/a, a tu bola, piensa: «estoy centrándome en aquellos aspectos que solo dependen de mí. Estoy controlando mi vida, mi presente, y así logro construir un camino que me lleva a ese éxito que ansío lograr».

Además, también quiero remarcarte algo. De la individualidad nace la verdadera fuerza de voluntad y, en consecuencia, la productividad que seguro que quieres alcanzar. La eficiencia en tus labores tanto profesionales como personales no dependen de tu círculo cercano, sino de ti mismo/a.

Negatividad

Como último rasgo, tenemos la negatividad. La palabra habla por sí sola. Poca gente concibe esta actitud como algo provechoso. Sin embargo, ser negativo puede tornarse positivo (vaya contradicción, ¿no?). Basta con que uses esta visión para reflexionar sobre lo que puede salir mal en una situación y, así, estar preparado/a para todo.

Volviendo al estoicismo, los filósofos de esta corriente proponen un ejercicio llamado premeditatio malorum (la pre-meditación sobre lo malo y los problemas). Con ello, antes de llevar a cabo una acción para lograr un fin, puedes reflexionar acerca de los obstáculos que te encontrarás y sobre las posibles consecuencias negativas que pueden llegar. De esta forma, te centras en lo que depende de ti, el libre albedrío, y asumes el resto de circunstancias.

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¿Qué te parece? ¿Qué otras actitudes tradicionalmente tóxicas crees que pueden convertirse en enriquecedoras? Te leo en los comentarios.

¡Un abrazo y hasta la semana que viene!

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