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¿Es la ambición una característica enriquecedora o tóxica?

Existe un pensamiento generalizado que relaciona la ambición con lo negativo, con un hecho que saca lo peor de las personas y les convierte en monstruos a los que es mejor evitar. Sin embargo, la ambición, como muchas otras cualidades, puede resultar una ventaja si se enfoca adecuadamente.

Observa el caso de Gandhi, un activista que alcanzó una meta relacionada con el bienestar social gracias a sacar el máximo provecho de la ambición. Este personaje es la muestra de que se puede encontrar la motivación para perseguir insistentemente objetivos grandiosos que tengan una gran aportación al mundo.

Por el contrario, las personas que repudian la ambición podrían poner como ejemplo a Putin. Y, sin duda, estarían en lo cierto. El presidente ruso es probablemente uno de los mayores ejemplos actuales de ambición dañina, en su caso nacida de la codicia y de la ira.

Hoy, me gustaría divagar acerca de este tema, explorando las posibles consecuencias de la ambición y analizando las formas de sacarle el mayor provecho colectivo. ¡Vamos a ello!

La ambición de Putin

Como te acabo de comentar, cuando una persona ambiciosa se corrompe, lo que ocurre es que ese afán de superación se deja llevar por la avaricia y por el ego. Así, el individuo acaba utilizando su motivación para buscar el beneficio propio. Pasa a adoptar un enfoque maquiavélico (el fin justifica los medios), lo cual nos lleva a conflictos como el actual en Ucrania.

Si hablamos de líderes que se dejan comer por la ambición, observamos situaciones de demagogia, convencimiento prácticamente obligado e incluso marginación para aquellos que no están de acuerdo con la doctrina principal. Todo esto, en los casos extremos y a gran escala, lleva a regímenes autoritarios.

Por el contrario, también podríamos trasladar esta cuestión a lo cotidiano. En un contexto empresarial, el trabajador individualista que sólo busca mejorar su posición en la empresa, sus ganancias e incluso fortalecer su ego, utilizará su ambición y probablemente hará la vida mucho más difícil a los que le rodean.

La ambición de Gandhi

De la misma forma, un individuo puede utilizar sus ansias de superación y de lograr grandes cosas para aportar algo bueno a la sociedad. Cuando la persona entiende que es una pequeña parte del mundo, el ego desaparece. El foco se establece en buscar cambios positivos para sí mismo y para el resto de la humanidad.

Por todo ello, podemos decir que este tipo de ambición es ecológica, porque respeta a las demás personas y, en general, al entorno. Aquí, el fin no justifica los medios, sino que se persigue dicho fin tratando de no perjudicar a nadie y, especialmente, no utilizando a nadie como herramienta prescindible.

Normalmente, el camino que se toma es más pacífico, no tratando de eliminar obstáculos por la fuerza sino de lograr objetivos a través de la cordialidad y el diálogo. Así, en el ámbito empresarial, esta postura sería equiparable al líder que, incluso entre iguales, tiene la capacidad de influir a través de sus acciones, que busca un bien común para el grupo, no sólo para sí mismo.

La gestión de valores

La ambición, como otras características de la personalidad, se alinean con los valores de la persona. Por tanto, si tus valores son mayormente individualistas, tu ambición te impulsará a lograr metas personales, mientras que si son colectivistas, buscarás el beneficio del grupo. Por desgracia, es muy complicado modificar tus valores. No obstante, es posible gestionarlos y, con ello, regular tu ambición. Para ello, te propongo un método rápido de 2 Cs para gestionar esta ambición:

  1. Conoce tus valores: esta exploración resulta esencial para cualquier aspecto de tu vida. Una persona que se reconoce es capaz de regularse y de gestionar sus pensamientos, sus emociones y sus acciones.
  2. Controla tu ambición: una vez analizada tu forma de ser y tus preferencias morales, toca elegir el camino. Si ves que estas preferencias te pueden llevar a un ambición tóxica y completamente individualista, toma conciencia de tus acciones y evita aquellas que sean negativas para el entorno. Por suerte, con el simple autoconocimiento llevado a cabo en el paso anterior, es mucho más sencillo abordar esta cuestión.

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¿Y tú? ¿Eres más Putin o más Gandhi? ¿Enfocas tu camino en un bien común o en tu simple ego? ¡Te leo en los comentarios! Que tengas buena semana.

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