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La pregunta que te hará desarrollar tu individualidad y tu empoderamiento

Desarrollamos nuestra vida en una sociedad cada vez más obsesionada con la búsqueda de la perfección y en la que, a su vez, hay poco lugar para la individualidad. La mayoría de decisiones no las tomamos con total libertad, sino que lo hacemos porque el grupo lo dicta. Se nos imponen una serie de normas y de miedos infundados que nos restan autonomía e independencia. Piénsalo, ¿Cuándo fue la última vez que tomaste una decisión importante solo porque a ti te apetecía?

Puedes ver la coacción ejercida por la sociedad en ejemplos tan variados como cuando eliges un empleo fijo y seguro por encima del emprendimiento que tanto te ilusiona; o como cuando decides quedarte en una fiesta aun siendo tarde, estando cansado y prefiriendo reposar para estar al máximo al día siguiente.

Lo peor es que esta crisis de individualidad, más que acercarte al grupo y a la ansiada aceptación social, puede incluso alejarte. Humberto Maturana, biólogo y filósofo chileno, decía que «Si el niño no puede aceptarse y respetarse a sí mismo, no puede aceptar ni respetar a otro». Si no eres capaz de valorarte como individuo, de empoderarte, tampoco podrás optar a un comportamiento ético acorde a tu moral, porque esa moral no existirá realmente.

Por todo esto, hoy me gustaría hablarte sobre el empoderamiento y la individualidad, aspectos esenciales tanto para convertirte en una persona con buena autoestima como para tener un impacto positivo en el mundo que te rodea. ¿Comenzamos?

La crisis de la individualidad

El problema es que la tendencia te lleva a seguir convencionalismos sociales muy arraigados de manera automática. Si el grupo dice que debes salir un domingo y beber una cerveza, lo haces. Si el grupo siente aversión al riesgo o miedo a los momentos de soledad, tú también te autoimpones esos temores. Al final, lo que ocurre es que nos dejamos influenciar inconscientemente, trazando el camino que otros quieren que sigamos, sin plantearnos realmente qué nos llena.

De esta situación pueden llegar a derivar una serie de problemas:

  • Baja autoestima: debido a la necesidad de contar con el grupo para cualquier decisión y paso adelante, la persona puede llegar a sentirse insuficiente por sí misma.
  • Infelicidad: al seguir el camino impuesto por los agentes externos, el individuo no está buscando su propia realización personal, por lo que los objetivos no ilusionan.
  • Exclusión: esto puede llegar a darse si el resto de miembros de un grupo social sí cuentan con esta individualidad, ya que podrían sentir que la persona no aporta nada nuevo (por ejemplo, en el área profesional).

Por desgracia, esta dinámica funciona como una bola de nieve: la dependencia al grupo nos provoca miedo al rechazo, por lo que seguimos más a rajatabla lo que se nos dicta externamente. Así, perdemos individualidad y, de nuevo, generamos más dependencia. Esto se ve muy claramente en el ejemplo del joven que se ve obligado (por sí mismo) a salir hasta las tantas y emborracharse; o en el del adulto que siente la presión y la ansiedad de encontrar una pareja y tener hijos, aun cuando no es eso lo que realmente quiere.

El camino al empoderamiento

Llegados a este punto, es probable que te preguntes: ¿y qué puedo hacer yo para hacer valer mi individualidad? Incluso aunque no llegues al caso extremo de dependencia que te comentaba en el apartado anterior, puede ser que simplemente te interese tomar conciencia en esas situaciones en las que actúas de manera automática siguiendo el cauce establecido.

Como cualquier cambio, el empoderamiento comienza en las pequeñas decisiones cotidianas. La clave está en empezar a escucharte a ti mismo/a antes de dar cualquier paso. Para ello, hay una pregunta muy poderosa y a la vez sencilla que puedes hacerte ante tus elecciones: «¿Qué me apetece realmente ahora mismo?» Se trata de aplicar esta reflexión en aquellas decisiones en las que tienes el poder absoluto. Normalmente, si te das ese segundo de pausa, tu cuerpo responderá y sabrás fácilmente qué es lo que necesitas.

¿Estoy cenando con unos amigos que llevo tiempo sin ver y bien entrada la noche prefiero volver ya a casa a descansar? No lleves al extremo el compromiso, valora tus prioridades y a la cama. ¿Mi familia está feliz y satisfecha con mi empleo estable pero a mí me apetecería desarrollar un proyecto de emprendimiento? Deja de adoptar los miedos de los demás como propios, adapta el camino a tu nivel de aversión al riesgo. Quizá escuchándote e invirtiendo mayor esfuerzo durante un período de prueba, encuentres mayor ilusión que en el presente.

El valor de quererte a ti mismo/a

La autoescucha tiene beneficios en varias dimensiones de tu vida. Por una parte, te permites hacer lo que te apetece en el momento presente, por lo que es positiva a corto plazo. Por otro lado, generas una actitud de empoderamiento que puedes trasladar al resto de ámbitos de tu vida, y que implica un aporte a largo plazo.

Además de preguntarte qué quieres en cada momento, también puedes llevar un diario con tus reflexiones. Así, periódicamente, te permites repasar tu día a día y descubrir aquellos aspectos en los que no estás siguiendo tu propio camino.

El cambio comienza con la detección y aceptación de que algo no es como te gustaría. Con esta revisión, tu vida se irá llenando de componentes que se adaptan a tus preferencias, y tú desarrollarás una satisfacción y una autoestima más que enriquecedoras.

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¿Qué te ha parecido? ¿Utilizas otras técnicas para desarrollarte como individuo y generar independencia y autonomía? ¡Te leo en los comentarios! Hasta la semana que viene.

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